BOLETÍN DE INFORMACIÓN TÉCNICA 230

 

Rehabilitación del
Mercado Santa Caterina

La rehabilitación del antiguo mercado de Santa Caterina, situado en la Ciutat Vella de Barcelona, es una intervención sobre el tejido urbanístico "mezclándose y confundiéndose" con el original: diseñando una nueva cubierta que recuerda a la primitiva y en que introduce quizás elementos 'gaudinianos' (las losetas coloreadas del Parque Güell y la cubierta de los talleres de la Sagrada Familia. La cubierta curva se resuelve con estructural de madera laminada y el revestimiento es coloreado vivamente con imágenes que recuerdan frutas y verduras. La estructura se resuelve con formas abovedadas de madera laminada que apoyan en grandes jácenas de celosía construidas a base de tubo y apoyadas en una serie de pórticos de hormigón: en los laterales se han conservado las arcadas originales donde se conservan cerchas más clásicas.

El mercado de Santa Caterina original era un edifico neoclásico con un gran patio central cubierto con una ligera estructura metálica, obra de Joan Torres. Su único nivel en planta, de 6 m de altura máxima, dejaba por encima el espacio de una inmensa plaza de 9.000 m2 en un barrio densamente poblado. La construcción de un aparcamiento soterrado había dejado el mercado y al barrio con un difícil acceso. La "reconstrucción" del actual Mercado de Santa Caterina trata de recuperar un mercado popular y también los restos arqueológicos del antiguo convento de Santa Caterina que hay debajo, el cual introdujo el estilo gótico en Barcelona.

Los primeros bocetos del nuevo proyecto fueron realizados por el malogrado Enric Miralles y el proyecto completo ha sido desarrollado por el estudio Estudio EMBT que continúa su obra con Betnedetta Tagliabue a la cabeza.

Para el estudio EMBT, Ciutat Vello a diferencia de otros de Barcelona es una ciudad completa... Quizá ésta sea la más clara cualidad de los centros históricos. A partir de ahí todo se complica: el planeamiento existente no es capaz de gestionar la complejidad de la situación. Y el planeamiento, en su deseo de eficacia inmediata, simplifica las reglas del juego.

1. El primer equívoco es que se pueda hablar de nuevo y viejo. La forma construida tiene una compleja relación con el tiempo. Quizá experimentar en nuestra casa de Mercaders algo parecido a habitar  -otra vez- los mismos lugares. Como si habitar no fuera más que moverse en el tiempo a un lugar... Lo que ha conseguido llegar hasta hoy es actual, útil, contemporáneo. Y además te permite volver hacia atrás en el tiempo para seguir adelante.

2. Otro equívoco es el que defiende el derribo como la única posibilidad de “solucionan” las cosas. Al contrario. Usar y volver a usar. Es como pensar y repensar las cosas. Y la arquitectura no es más que un modo de pensar sobre realidad. Así pues las nuevas construcciones se sobreponen a las existentes. Se mezclan, se confunden para hacer aparecer ese lugar en sus mejores cualidades... Así parece lógico usar términos como conglomerado, híbrido, etc. . . Términos que intentan superar la dicotomía del blanco y negro.

3. La superposición de los distintos momentos en el tiempo ofrecen el espectáculo de las posibilidades. Abren un lugar al juego de las variaciones. Es difícil sacar conclusiones más allá de lo más elemental que define unas mínimas condiciones de vida. Sin embargo, la fuerza de las variaciones constantes sobre un lugar nos colocan en la línea de trabajo. Repetir. Volver a hacer de nuevo. El proyecto no debe insistir en un momento concreto del tiempo, sino instalarse en él. Nuestro proyecto se inicia con la crítica al planteamiento existente y propone un modelo que permita adaptarse a la complejidad del lugar. Una normativa que atienda algo más que a la anchura de la calle y la altura de edificación. Un primer esquema que permita desarrollar la complejidad de la ciudad y que respete los compromisos públicos adquiridos. Proponemos un modelo donde no sea tan fácil distinguir entre rehabilitación y nueva construcción. Donde las plazas, el trazado continuo de ensanchamientos pasa por encima de la calle como único mecanismo urbano. Se reduce el número de puestos de venta, racionalizando los sistemas de accesos y servicios. Aportando espacio público y densidad residencial. Desplazamos la zona comercial hacia la Avenida Combó, reduciendo su sección. abriendo la antigua construcción del Mercado hacia el interior del barrio de Santa Caterina.