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ALEROS Y CORNISAS
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Constructivamente, el alero lo constituye el borde inferior del tejado, que sobresale del plano de la fachada y evita que el agua de lluvia que baja por la cubierta resbale por esta, paralelamente cumple la función de protección contra el soleamiento.
Existe una diferenciación entre alero y cornisa, el alero se realiza en zonas de clima seco, en el cual se alcanzan grandes temperaturas, en estas zonas conviene un cierre volado para impedir la incidencia de los rayos solares sobre las fachadas; por otra parte, las cornisas, que son vuelos cortos en piedra o ladrillo, se usan en zonas frías y húmedas, para proteger la fachada del agua, sin impedir el acceso del sol.
Sabiendo el realce que un buen alero proporciona al edificio, los maestros de obra destacaban los de la fachada principal sobre el resto. Los tallados en madera se realizaban solo en las fachadas principales, los demás se realizaban de ladrillo.
En alguna ocasión, se prolongaban los aleros de madera de la fachada principal por las fachadas laterales hasta el límite en que eran visibles por un transeúnte, de este modo daban la sensación de haber realizado todo el perímetro de la edificación con un alero ricamente trabajado.
Al ser el elemento de unión entre la fachada y la cubierta, existen muchos tipos de aleros, según el material empleado, el sistema constructivo, la zona en la que se encuentra el edificio, y la importancia del mismo.
La piedra y el ladrillo son los mejores material en zonas húmedas y para formas con escaso vuelo. Los aleros de ladrillo se formaban mediante el atizonamiento en la fachada de varias filas de ladrillos, en las que alternan los denominados "dentículos y esquinillas", al objeto de romper la monotonía que produce la sucesión ininterrumpida de los motivos. También con posterioridad se utilizaron los ladrillos aplantillados obteniendo efectos claroscuristas.
Otro material utilizado fueron las tejas rellenas de barro, para formar el saliente del alero sobre el que apoyan las tejas de la cubierta. Los más sencillos se forman por cañizos recubiertos de yeso, adquiriendo forma de escocia.
Los aleros de piedra eran menos comunes, y se solucionaban empleando fórmulas usadas en la antigua roma y tomadas posteriormente por el románico. Se realizaban en fachadas también de piedra, volando los últimos sillares de la misma y tallándolos con diferentes motivos, dando lugar a una cornisa corrida.
Cuando a causa del clima, se requerían vuelos mayores se utilizaba la madera, al permitir este material más ligereza. Por otro lado, los enfoscados se realizaban para cubrir un alero realizado con ladrillo ordinario, o bien para adornar el mismo con estucos.
En las construcciones actuales, un acabado uniforme en la fachada y el uso de las cubiertas planas ha hecho que se pierda el uso de los aleros tanto como elemento de protección como decorativo; en el caso de tener algún tipo de protección, es en forma de sencillas pérgolas, bien de hormigón o de lamas, que se sitúan, no como remate de la fachada, sino como protección de los huecos de la misma.