De oro y mármol
Casi una década de estudio de restos de techumbres y armaduras de madera musulmanas ha culminado en un trabajo de investigación y una denuncia. Porque, según los autores, piezas originales de las de la mezquita de Córdoba y de la iglesia segoviana de San Millán permanecen almacenadas sin protección alguna contra la humedad, el fuego o los xilófagos.
Desde el año 1993 los autores de este artículo venimos estudiando los restos que han llegado hasta nosotros de los techos y armaduras de madera tallados por artistas islámicos en la Península Ibérica durante los siglos X y XI y el primer cuarto del siglo XIl.

Primero estudiamos lo que aún queda del arrocabe (zona donde apoyan los techos), que sustentaba el alfarje (techo plano de madera) desaparecido, colocado en la alcoba oeste del Salón del Trono del Palacio de la Aljafería de Zaragoza Después inventariamos todos los restos que se conservan de los alfarjes de la iglesia de San Millán de Segovia; más tarde, los restos de madera de tradición taifa de la ciudad de Toledo, centrándonos en la casa-palacio del Temple, para concluir con una serie de aportaciones novedosas sobre la techumbre de la mezquita aljama de Córdoba -la armadura del principal oratorio del Occidente islámico-, tallada en época del califa al-Hakam II y que ya fue estudiada en 1928 por el arquitecto restaurador Félix Hernández Giménez.
Diríase, pues, que partiendo de las manifestaciones periféricas de al-Andalus, que habían nacido en el siglo XI del proceso de dispersión y mutación de las formas califales, hemos ido acercándonos a la obra fundamental de la carpintería hispanomusulmana: la mezquita mayor de la capital del Califato.
Conquista cristiana. La conquista cristiana de Toledo y, posteriormente, la de Zaragoza suponen a partir del siglo XII la partida de los más extraordinarios artífices islámicos al Sur de al-Andalus y al Magreb, quedando en las nuevas morerías aquellos otros de aptitudes más modestas. Ello se reflejará en que en el arte mudéjar los trabajos de talla son sustituidos progresivamente por decoraciones pintadas.
Entendemos que, a pesar de la alta calidad pictórica de los techos españoles de arte múdejar, éstos no llegan a tener el valor constructivo y ornamental de los que aquí tratamos.
Este trabajo de investigación ha sido desarrollado por el profesor Bernabé Cabañero Subiza y por el aparejador Valero Herrera Ontañón, con la colaboración del arquitecto Cristian Ewert, de restauradores y de laboratorios especializados. Entendemos, lógicamente, que actividades como esta de investigación, así como la restauración, deben ser multidisciplinares.
Obras maestras. Las obras maestras realizadas por carpinteros islámicos, en cuanto a alfarjes, conservadas en la Península Ibérica, son el techo de la mezquita alhama de Córdoba y la techumbre de la iglesia de San Millán de Segovia.
El techo cordobés fue estudiado, como ya hemos señalado, por el arquitecto Félix Hernández Giménez y parcialmente reconstruido y recolocado por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco. Ambos basaron sus investigaciones en el análisis de las piezas que restan del techo original de la mezquita alhama.
También nosotros hemos investigado esas y otras piezas a las que anteriormente no se tuvo acceso, siendo el resultado de nuestro estudio el siguiente:
1. Las piezas que se conocen parecen pertenecer a un mismo estilo y a una sola techumbre, la ampliación de la mezquita de al-Hakan II, como si se quisiese remarcar el carácter individual que tiene esta fase constructiva de la mayor sala de oración de Córdoba, que verdaderamente parece una mezquita dentro de otra mezquita, o, como dijo Leopoldo Torrés Balbás, "una mezquita nueva adosada a la anterior".
2. Esta techumbre era un alfarje en el que las vigas servían de apoyo de los tableros. Por los dibujos de los aproximadamente 100 fragmentos de vigas estudiados hemos dividido éstas en siete modelos; cada modelo tiene pequeñas diferencias en la talla y parece ser que en cada nave se colocaba un sólo modelo de viga.
3. El dibujo de la tabla corrida que se colocaba bajo el apoyo de las vigas señalaría el tablero a colocar perpendicular a la tabla, tablero que estaba apoyado sobre las vigas y que se componía de tres o cuatro tablas ensambladas a media madera.
Sobre estos tableros se clavaban otros que iban tallados, pero de los que no queda resto alguno. Esta ausencia de la talla o atauriques de los tableros de este techo ha supuesto una gran pérdida para el conocimiento del desarrollo de la talla de los tableros musulmanes de madera.
El arquitecto Velázquez Bosco confeccionó una serie de tableros con atauriques y los colocó en la techumbre actual. No dejó ningún escrito explicando la razón de esta decisión. Nosotros, por nuestra parte, consideramos estos techos al menos como no ciertos.
4. Bajo el techo se colocaba un friso o alicer compuesto por dos piezas; una de ellas presenta una inscripción en árabe con rasgos propios de estilo cúfico simple.
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Iglesia de San Millán. La segunda gran obra maestra conservada en la Península Ibérica y dejada por los carpinteros islámicos y mudéjares es la techumbre de la iglesia de San Millán de Segovia, labrada y armada hacia el año 1110. Esta cubierta lignea repetía la estructura de un alfarje. Las vigas, para unas luces similares a las cordobesas, pasan a tener una sección de 11 x 19 cm. y son también pares de la armadura de cubierta que cubre el templo. La separación entre ejes de vigas es de 56,5 cm. Los tableros de madera son de pieza única, van clavados a las vigas y están tallados. Las vigas descansaban en durmientes y éstos, a su vez, transmitían los esfuerzos a canes que descansaban sobre el muro. El arrocabe o apoyo de forjado de dicho alfarje estaba muy ornamentado y se integraba por canes de madera, el durmiente, las cobijas, las tabicas y los listones. Las tabicas estaban dispuestas en dos series, la primera entre los canes del registro inferior y la segunda entre las vigas del registro superior. Estas tabicas estaban decoradas con inscripciones en árabe, que utilizan los rasgos del estilo cúfico florido y que contienen sentencias religiosas.
Nos detenemos en estos aspectos constructivos por la enorme importancia que para la historia de la construcción en nuestro país tienen los techos que tratamos. El de Córdoba va a ser modelo, en el arte de la madera, desde el siglo X en adelante. El de Segovia conserva, posiblemente, los tableros tallados más antiguos del mundo musulmán occidental.
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Coherencia arquitectónica. Además, los estudios de las techumbres de la mezquita aljama de Córdoba y de la iglesia de San Millán de Segovia demuestran la existencia de una evidente coherencia entre el plan arquitectónico utilizado en cada monumento y el aspecto formal de la armadura que lo cubre.
Los carpinteros que trabajaron tanto en Córdoba como en Segovia lo hicieron colaborando con el resto de artistas y artesanos que construyeron los templos, y hemos encontrado relación entre la arquitectura de piedra y los restos de piezas de madera.
Así, por ejemplo, los cinco arcos formeros que separan la nave central de la iglesia de San Millán de Segovia de las naves laterales se corresponden con otros cinco tipos distintos de elementos vegetales, que se encuentran tanto en la talla de los tableros como de las vigas.
Del mismo modo, en la ampliación de la mezquita aljama cordobesa llevada a cabo a instancias del califa al-Hakam II se observa la existencia de tres tipos de cobijas corridas de decoración mucho más rica que en el resto. Lo interpretamos en el sentido de que la cobija corrida más cuidada se encontraba en la nave central, mientras que las dos naves que la franquean contaban con cobijas corridas de trabajo menos esmerado que aquella, pero a su vez labradas con mucho más cuidado que las de las otras siete naves. Esto demuestra la existencia también de una conjunción del plan arquitectónico con la propia techumbre de madera, puesto que las tres naves centrales estaban claramente diferenciadas de las otras siete, ya que, aunque la más ornamentada era la central, las dos colaterales también presentaban características propias. A ellas se accedía por un arco lobulado inscrito en un arco rebajado con función de arco cobijo, distinto de los otros siete arcos de herradura de la arquería transversa! existente en la unión de la fase de Abd al- Rahman II con la de al-Hakam II. Además, estas dos naves laterales que franquean la central son las únicas que terminan en dos bóvedas de nervios entrecruzados, que cubren el espacio inmediato al muro de la qibla donde se encuentran las puertas de acceso al tesoro público y al pasadizo que unía la zona de maqsura con el palacio califal.
Evidentes concomitancias. Aunque no existe una identificación absoluta entre los artistas que trabajaron en la techumbre de la Gran Mezquita de Córdoba y los de San Millán de Segovia, existen evidentes concomitancias entre ambos conjuntos de artífices. Y decimos que no existe una identificación absoluta, puesto que, por ejemplo, el sistema de talla de los tableros en una y otra armadura es diferente.
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Los tableros de época califa¡ de la techumbre de la mezquita aljama de Córdoba están integrados por un tablero-base (de tres o cuatro tablas ensambladas) sobre el que iban clavadas una serie de aplicaciones en madera con motivos probablemente vegetales de los que no se ha conservado ningún vestigio, mientras que los tableros tallados de la iglesia de San Millán de Segovia son de pieza única. El arquitecto restaurador de la catedral de Córdoba Velázquez Bosco reconstituyó en los actuales alfarjes que cubren la ampliación de al-Hakam II estas aplicaciones desaparecidas de una manera arbitraria, puesto que, por el momento y mientras no se encuentren nuevos datos, no existe ninguna evidencia sobre sus características.
También las vigas del alfarje de Córdoba son diferentes de las de Segovia, puesto que mientras en las primeras se talló tanto la cara inferior como las laterales, en las segundas sólo fue labrada la cara inferior.
Por el contrario, los análisis químicos realizados para conocer los pigmentos utilizados en Córdoba y en Segovia han revelado que éstos son los mismos: amarillo oro pimento, rojos ricos en óxido de hierro, blanco albayalde, azul índigo, anaranjado de minio, y negro de carbón vegetal. En la techumbre cordobesa se utilizaron como aglutinantes aceites secantes, que según se cree no fueron empleados en el resto de Europa hasta el siglo XII, mientras que en la armadura de San Millán de Segovia se aplicaron los pigmentos con un aglutinante de proteínas.
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Para llegar a estas conclusiones sobre las características de la policromía de las techumbres de Córdoba y Segovia, que estamos estudiando, hemos seguido el siguiente proceso:
-Un restaurador ha limpiado las piezas y ha tomado las micromuestras de los pigmentos y aglutinantes que se encuentran sobre la madera.
-Estas micromuestras han sido enviadas a un laboratorio, donde se analiza su composición, microfotografía y color.
-El restaurador reconstituye en una serie de láminas la policromía original con sus tonos exactos a partir de los datos facilitados por el laboratorio sobre los pigmentos primitivos.
Los análisis químicos de los pigmentos permiten averiguar, mediante el método de trabajo descrito, cuál fue el aspecto que presentaban realmente estas techumbres hace mil años; aspecto que debía ser verdaderamente espléndido y del que sólo ahora empezamos a hacernos una pálida idea. El poder reconstituir el riquísimo colorido de estas techumbres es de enorme interés, puesto que nos muestra como fueron concebidas originariamente.
Todavía faltan por descubrir datos importantes sobre las techumbres musulmanas que tratamos, que constituyen verdaderos hitos en el arte de la madera. El trabajo de investigación que hemos desarrollado ha pretendido, entre otras cosas, reconstruir sobre planos la disposición de unos techos después de mil años de su colocación, partiendo de las escasas piezas que aún quedan. Aún así, si tuviéramos que dar una serie de reglas sobre la colocación de estos techos podríamos decir, entre otras cosas, que en los techos musulmanes de época califa¡ y primera taifa se dan una serie de características. Las vigas del mismo motivo ornamental de talla y pintura se colocaban juntas. Por ejemplo, en Córdoba cada nave se techaba con vigas que tenían el mismo motivo en la talla. En San Millán de Segovia, el alfarje de la nave central se dividía por los motivos de la talla de las vigas en cinco tramos y cada uno de ellos tenía un mismo tipo de viga.
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Por su parte, los motivos decorados en techos se refieren a temas vegetales y geométricos, y su colocación la entendemos como una alternancia. Señalar, como ejemplo, que el alfarje estaba compuesto por vigas talladas con un motivo vegetal (piñas) y por tablas talladas con motivos geométricos (círculos). Otra alternancia podría ser la de mantener el mismo tipo de viga en el alfarje y cambiar el tablero también de forma alterna.
Hemos tratado aquí sobre los techos de la mezquita alhama de Córdoba y de la iglesia de San MiIlán de Segovia. Pero estos techos posiblemente sean los descendientes de las techumbres bizantinas y romanas que no conocemos, pero que posiblemente sí fueron vistos por los artistas musulmanes que montaron las techumbres que tratamos, y esta es otra de las razones de la importancia que para la historia de la construcción tiene lo que investigamos.
Expertos del Instituto Arqueológico Alemán están muy interesados en el método de trabajo y en los resultados obtenidos sobre la policromía o pintura de estos techos. Grandes estudiosos alemanes del siglo anterior y del periodo de entreguerras han sido los autores de publicaciones de gran interés sobre madera en el arte islámico; pero aquellos investigadores no disponían de los medios y de los métodos de investigación que hemos empleado para descubrir el color de las techumbres, y nuestras investigaciones sobre esta materia ha despertado su interés.
Abandono. Queremos llamar la atención sobre la situación de abandono en que se encuentran estas maderas. Las piezas que restan de la iglesia de San Millán de Segovia se encuentran apiladas en un semisótano con mucha humedad, sin ningún tipo de protección contra el fuego ni contra los xilófagos.
Las piezas cordobesas, a excepción de las existentes en algún museo o las que son propiedad de algún anticuario, se encuentra también apiladas en plantas bajas del Palacio Episcopal, sometidas al calor de Andalucía y, como las de San Millán, sin protección alguna contra el fuego ni contra xilófagos.
Es posible que esta sea la última generación que pueda contemplar los restos de aquellas techumbres que fueron descritas por poetas e historiadores como 'techos de oro y mármol'. «