CLAVES PARA
PREVENIR RIESGOS EN LA CONSTRUCCIÓN
Las manifestaciones que han tenido lugar en el sector de la construcción en defensa de la mejora de las condiciones de trabajo deberían carecer de sentido en una sociedad avanzada como la nuestra, que ha resuelto el problema satisfactoriamente en muchas de sus industrias más complejas y peligrosas. Todos los que llevamos muchos años en esta larga batalla de reducir la siniestralidad laboral en la construcción y nos enfrentamos a las trágicas noticias derivadas de sus consecuencias, nos vemos obligados a recordar las múltiples causas del problema: la estructura económico-social de un sector caracterizado por la contratación temporal, la subcontratación en cascada, la falta de formación generalizada, las condiciones ambientales que dificultan la labor en obra, la escasa profesionalización
Con la patología descrita, los diferentes agentes que intervienen en el proceso productivo (Administración, empresarios, técnicos trabajadores) estamos de acuerdo en que la solución para por implantar a corto, medio y largo plazo, de forma eficaz, programas que utilicen las siguientes palancas que consideramos claves para resolver el problema: la formación, la información, la investigación, la tecnificación empresarial y la clara asunción de responsabilidades en la materia. Si acordáramos programas bien diseñados y coordinados, en los que cada colectivo asumiera con todo rigor su parcela formativa, informadora, investigadora y funcional, nuestro sector avanzaría en materia de seguridad laboral y en muchos otros aspectos.
Sin dura alguna, el establecimiento de un marco normativo adaptado a las condiciones actuales -con la promulgación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, en 1995, y su posterior desarrollo a través de diversos disposiciones- es un paso importante en la dirección adecuada, pero no suficiente, ya que el problema real pasa por un cambio cultural en los individuos que active, casi instintivamente, los mecanismos de autoprotección de riesgos en cada situación previsiblemente peligrosa.
Este cambio de actitud sólo podrá alcanzarse instrumentando acciones formativas desde los niveles básicos de enseñanza hasta la inmediata incorporación al trabajo de los individuos, así como programas de formación con la debida continuidad entre los trabajadores de mayor edad, los inmigrantes -que unen a su falta generalizada de cualificación su desconocimiento del idioma-, los especialistas con mayor riesgo, etcétera. De forma complementaria a la formación, es necesario difundir campañas informativas de sensibilización internas y externas, tanto a través de los medios de información general como desde los diversos medios técnicos, e incluso propios de cada empresa. En esta sociedad de la información en la que estamos inmersos los nuevos medios electrónicos también pueden jugar un decisivo papel concienciador en la implantación de sistemas de gestión eficaces.
Por su parte, la amplia industria que confluye en el mercado de la construcción, y las Universidades que forman a los diversos profesionales pueden colaborar decisivamente, de hecho algunas ya lo están haciendo mediante la realización de investigaciones que aporten soluciones al respecto.
La tecnificación empresarial ha de perseguirse desarrollando las previsiones contenidas en la Ley 38/1999 de Ordenación de la Edificación -efectiva regulación de la profesionalización de constructor, estableciendo los mecanismos de subcontratación, los trabajos a destajo, mejorando los sistemas de gestión de la seguridad y su coordinación etcétera.
Por último, y como consecuencia de una mayor formación, información y tecnificación del sector, la claridad en la asunción de funciones que corresponden a cada agente ayudará a afrontar de una forma más responsable los mecanismos de prevención de dichos riegos.