Seguridad

Integración de los medios para la seguridad en los procesos de construcción

Por José María CALAMA
Arquitecto Técnico

Revista del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid
 Nº. 217 - Enero-Febrero 2002

INTRODUCCIÓN
La amplia gama de soluciones constructivas y tipos edificatorios que hoy se dan mantiene una evolución constante de las técnicas de construcción. Una de las variables cualitativas que deben ser analizadas para la elección de estas técnicas se sustenta en la mejora de métodos y de organización de los trabajos, ya que son factores que inciden en la decisión para establecer los recursos que el constructor debe poner a disposición de la ejecución de la obra.

La relación entre la organización de los trabajos y el empleo óptimo de los factores de producción pasa, necesariamente, por el análisis de las alternativas de los diferentes procesos a seguir para realizar la "obra de construcción". En este sentido, una organización coherente y adecuada de la ejecución de la obra de edificación se muestra como una exigencia básica para alcanzar un mínimo de calidad en el producto construido. Por ello, la construcción de la obra arquitectónica debe plantearse como "un sistema de ordenación de procesos", debidamente enlazados, desde un punto de vista constructivo y, especialmente, con base en un planteamiento con razonamiento científico y no únicamente con criterios dominados por aspectos económicos. No se trata únicamente de la discordancia, conocida por todos, entre el propio sistema de producción y la valoración de las obras; se trata de que los procesos de producción deben plantearse desde una base eficiente, dentro de la lógica constructiva, y este razonamiento, en la actualidad, debe contemplar necesariamente el empleo de los recursos necesarios para alcanzar la necesaria seguridad en las obras.

Hasta ahora, el análisis objetivo de los procesos de producción de una edificación, se abordaba desde la óptica de:

Todos estos parámetros deben ser analizados, medidos, cuantificados y controlados, para que se solucionen y resuelvan los conflictos que pueden darse entre las exigencias del proyecto arquitectónico y los sistemas de construcción y alcanzar la lógica relación entre la arquitectura y la técnica. Sin embargo, la entrada en el nuevo milenio nos plantea nuevos requisitos y procedimientos que los niveles socioculturales y los avances tecnológicos incluyen ya en los grados de calidad que se demandan a las edificaciones y que deben ser factores a considerar, y por consiguiente, a incluir en la medida de lo posible, en los procesos constructivos. En concreto nos estamos refiriendo a:

Los sistemas de prevención y seguridad de riesgos laborales
La Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales (en adelante LPRL), supone la introducción de importantes cambios cualitativos en el campo conceptual de la prevención. En su "Exposición de Motivos", en el punto 5, señala que: "La protección del trabajador frente a los riesgos laborales exige una actuación de la empresa que desborda el mero cumplimiento formal de un conjunto predeterminado, más o menos amplio, de deberes y obligaciones empresariales y, más aún, la simple corrección a posteriori de situaciones de riesgo ya manifestadas. La planificación de la prevención desde el momento mismo del diseño del proyecto empresarial, la evaluación inicial de los riesgos inherentes al trabajo y su actualización periódica a medida que se alteren las circunstancias, la ordenación de un conjunto coherente y globalizador de medidas de acción preventiva adecuadas a la naturaleza de los riesgos detectados y el control de la efectividad de dichas medidas, constituyen los elementos básicos del nuevo enfoque en la prevención de riesgos laborales que la Ley plantea".

Como vemos, una de las características del nuevo enfoque consiste en "integrar", como un elemento sustantivo más del proceso, el conjunto de medidas de acción preventiva, e incluirlas en la planificación (aunque paralelamente se exija una evaluación de los riesgos). Todo ello ajustado a la realidad cambiante de los recursos de que se dispone en cada obra de edificación y de la propia empresa constructora. En este sentido, no hay duda de que es la fase de ejecución de la obra la que nos va a permitir realizar los análisis causa/efecto de manera más directa y posibilitar alcanzar mayores cotas de seguridad en las obras.

Por ello, no parece razonable desligar del proceso secuencial de construcción de la obra las actividades y tareas relacionadas con la prevención y la seguridad, especialmente si, por imperativo legal, estas tareas conllevan disponer, necesariamente, medios de prevención como recursos productivos.

A nuestro entender, resulta cuando menos singular, que se realice un proceso de análisis, a partir de los documentos del proyecto, para preparar la planificación de la obra y, paralelamente, se confeccione un proyecto distinto para estudiar las medidas de prevención de los riesgos y disponer los medios de seguridad en la edificación.

Parece como si las unidades de construcción que son precisas para materializar la obra arquitectónica estuvieran en origen desligadas de los medios de prevención y seguridad que, obligatoriamente por prescripción y aplicación de los reglamentos en vigor, son necesarios para poder construir la obra de edificación. Según el espíritu de la LPRL, los sistemas de seguridad son recursos que deben integrarse en el propio proceso, aunque mantengan su independencia, como la pueden tener los medios auxiliares o la maquinaria, pero debidamente cuantificados y cualificados. En este sentido,. nuestra opinión es que una adecuada organización de los recursos y actividades del proceso de edificación es una exigencia actual que aún no está plenamente satisfecha en la construcción. La optimización del proceso edificatorio puede tener dos vertientes, una estrictamente económica, que consiste básicamente en la gestión del presupuesto (mediciones y precios), y otra que está ligada directamente a la gestión de la planificación y que analiza procesos, recursos y plazos (y consecuentemente costes). Esto quiere decir que para conseguir una adecuada optimización de los procesos hay que analizar, necesariamente, "todos" los recursos empleados en los sistemas de producción.

Los objetivos perseguidos por los sistemas de optimización de procesos constructivos en edificación, generalmente se concretan en:

Sin embargo, desde el panorama en que actualmente se contempla el proceso constructivo, podemos afirmar que no hay método bueno si es inseguro. Por tanto, a los objetivos anteriores debemos añadir un sexto:

Objetivos y finalidades
Es sabido que los modelos de análisis y control de la ejecución de la edificación que actualmente se utilizan en los proyectos no mantienen un parámetro análogo entre las unidades de obra que definen el presupuesto en el proyecto y los procesos seguidos realmente en la organización y planificación de la construcción. El proceso de ejecución de instalaciones en una edificación, por ejemplo, mantiene continuas inferencias con los oficios de albañilería. Así, la planificación de la construcción de tabiques requiere, desde el punto de vista de la producción, integrar estos elementos -en teoría pertenecientes al capítulo de las instalaciones- en la propia unidad constructiva.

Por otro lado, el propio proceso de ejecución puede condicionar una solución constructiva. Es el caso, por ejemplo, de la ejecución tradicional de fachadas de ladrillo cara vista, que plantea construir en primer lugar la citara con el ladrillo a cara vista, para "embarrar" posteriormente por el interior y preparar el soporte para el aislamiento térmico. Esto implica necesariamente que el tabique debe ejecutarse en una segunda fase. Pero además, si no se emplean los elementos constructivos adecuados, las soluciones tienden a obviar problemas conocidos, como es el caso de pretender colocar el material aislante térmico trasdosado al paramento exterior, lo que obliga a sobredimensionar aquél, ya que puede darse la posibilidad de que, por condensación del aire de la cámara, se humedezca la, cara interior enfoscada y afecte al rendimiento del aislamiento.

Algunas soluciones que se emplean en la actualidad, como proyectar poliestireno sobre esta cara interior de la citara, tampoco resulta desde el punto de vista constructivo muy recomendable, ya que este producto, por su carácter impermeable, impide la correcta ventilación de la cámara y consecuentemente la evaporación del agua que pueda absorber el cerramiento tras un período de lluvias (especialmente si el ladrillo está hidrofugado), originando manchas en las fachadas e incluso pudiendo llegar el agua al forjado inferior. (En todo caso, el aislamiento térmico debe quedar siempre pegado a uno de los paramentos, exterior o interior, pues de quedar suelto se produce corriente de aire en la cámara y los efectos térmicos se invalidan). Como se puede comprobar, una solución constructiva planteada en proyecto puede sufrir alteraciones funcionales en función de cómo se organice el propio proceso de su realización.

En este sentido, nuestra inicial pretensión se dirige a la búsqueda de un modelo genérico que nos permita definir las actividades que deben incluirse en un proceso de ejecución de la edificación, con el fin de que sirva de base para la organización de los recursos necesarios para la construcción y en el que sea considerado el desarrollo de las actividades a realizar en la obra en coherencia con las técnicas de construcción adecuadas y la eficacia de los sistemas constructivos que se obtienen. Y, en consonancia con la filosofía de la LPRL, incluir en este modelo de desarrollo de los procesos, los recursos relativos a la prevención y la seguridad en las obras, que deben incorporarse necesariamente, para poder construir de forma adecuada la edificación.

Metodología
Uno de los problemas que suelen plantearse en la innovación de los sistemas de análisis
metodológico usados tradicionalmente es su rechazo sistemático motivado por su propia novedad que rompe pautas arraigadas. Sin embargo, nuestro conocimiento sobre los procesos edificatorios aumenta al ahondar en su sistema de estructura y relaciones, mediante la aplicación de instrumentos adecuados para poder efectuar su análisis. Esto nos permite, además de modificar nuestras propias estructuras conceptuales sobre los procesos constructivos empleados en edificación, obtener lo que se conoce como "nuevo conocimiento".

En este sentido, nuestra pretensión es efectuar el estudio y análisis del desarrollo de las tareas y actividades del proceso de construcción de la edificación a partir de su conocimiento real. Este análisis básicamente plantea el estudio de las interrelaciones que se producen entre los distintos factores y sistemas productivos que se emplean en esta fase de producción. Partimos de la base de que los análisis actuales de estos procesos son incompletos, ya que no incluyen los elementos singulares relacionados con la seguridad y que nosotros pretendemos aportar, y esto nos permite un fecundo trabajo científico dentro de sus límites.

La idea es fijar "las bases" para concretar un modelo de análisis más apropiado del proceso edificatorio, no sólo a partir de la adecuación de los recursos a disponer y de la idoneidad de los planteamientos constructivos que deben seguirse en su desarrollo, sino contemplando estos recursos necesarios con la integración de la seguridad en el propio proceso.

División del proyecto en procesos
Nuestra opinión es que con el sistema empleado actualmente para organizar los recursos de una edificación, que básicamente se sustenta en el documento de las Mediciones del Proyecto, se mantienen dos carencias. En primer lugar, no se conocen claramente los procesos de construcción, y en segundo lugar, no se analizan los recursos necesarios para integrar la seguridad en la construcción. Para solucionar el problema derivado del empleo de la metodología anterior es preciso dividir la ejecución de obra en procesos constructivos definidos a partir de actividades que puedan ser integradas en una unidad concreta, o lo que es igual: la suma de las distintas actividades que son necesarias para ejecutar una unidad constructiva que pueda ser considerada, desde el punto de vista constructivo. una unidad completa e independiente, de manera que entre un proceso y otro no existan interferencias notables. Es decir, el proceso debe ser una unidad constructiva que esté conformada por una serie de actividades que se puedan ejecutar ininterrumpidamente y con recursos similares. De esta manera, el proceso resulta de la adición de las sucesivas actividades necesarias para materializar la unidad constructiva, considerada ésta como producto o sistema en el que puede dividirse la obra de construcción sin alterar o destruir su esencia.

Concebimos, por tanto, los procesos constructivos como unidades que pueden estar conformadas a partir de grupos de unidades presupuestarias del sistema tradicional de unidades de obra, pero definidas de manera que con ellas se describa una fase integrada de la edificación. Sólo de esta manera puede asegurarse, más fielmente, la coherencia en la ejecución, sin olvidar otros aspectos como: la calidad, la mejora del método, el plazo óptimo y, consiguientemente, el coste. Esto lleva implícito, a su vez, el que los rendimientos serán más fiables, el control de la ejecución más sencillo, y la posibilidad de incluir la seguridad.

Los procesos, consiguientemente, deben diseñarse teniendo en cuenta el sistema productivo, es decir, el conjunto de recursos necesarios para "ejecutar" las operaciones o actividades entre dos fases consecutivas. Debemos, por tanto, considerar no sólo la acumulación de materia prima o productos semielaborados disponibles para su uso en la unidad constructiva, sino los "medios" de apoyo para su construcción, incluyendo los imprescindibles para alcanzar la necesaria seguridad.

Con el sistema de definición de procesos, la organización de los equipos de trabajo para la ejecución de las tareas se sustenta, como en el sistema tradicional, en las mediciones del proyecto. Sin embargo, el procedimiento para la sistematización de actividades no debe necesariamente partir de las "unidades de obra" planteadas en las mediciones del proyecto. Como el proceso se ha planteado desde el análisis racional de la construcción, no tiene por qué estar adaptado a la descripción literal de la "unidad de obra"; al contrario, lo lógico es que se procure formar grupos de unidades sincrónicas, que sean compatibles, para posibilitar el empleo de recursos comunes. Con el modelo de definición de los procesos se puede asignar cada grupo de unidades a un equipo de trabajo, para que cada equipo realice una actividad concreta pero definiendo el ciclo del equipo con el detalle necesario: lugar, momento, recursos a emplear y suministros.

Esta perspectiva de trabajo plantea una jerarquía donde el sistema global, es decir, la obra edificada, se subdivide en procesos constructivos. En este contexto se pueden analizar, más fácilmente, que en los capítulos de los sistemas tradicionales, los factores técnicos, materiales y humanos que pueden formar parte de cada uno de los procesos constructivos y conocer el propio desarrollo de los mismos y su relación con los factores productivos. De esta forma, se pueden identificar con facilidad las fases de los procesos en las que, por sus características singulares, es necesario el empleo de los recursos necesarios para garantizar las medidas de seguridad adecuadas, e integrarlos como medios auxiliares y materiales necesarios para el desarrollo coherente de los procesos.