CONOCER LA MADERA

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Hoy hablaremos de la madera como material de construcción. Para ello, empezaremos desde los procesos de elaboración industrial de la materia prima hasta llegar a el producto final, como tablas y tablones. Esto permitirá, una mejor selección del material cuando se adquiera y, un uso más eficiente de este noble material.

Después del corte de los troncos en los aserraderos, la madera es secada adecuadamente antes de continuar su tratamiento. El aserrado de los troncos es una operación que requiere conocimientos profesionales así como experiencia, ya que un corte experto nos permitirá obtener un rendimiento óptimo del tronco que va a ser procesado. En lo referente al secado diremos que se realiza en dos fases: una primera de forma natural expuesta a la intemperie en grandes pilas y una segunda fase final en almacenes. La parte de la madera que presenta una mayor calidad para ser utilizada industrialmente es siempre la interior, nunca la exterior, incluso aunque este bien seca.

El grado de humedad residual en la madera determinará en su uso, ya que, la madera que se destinará a la construcción o a la que se prevé un uso al aire libre el grado de humedad final no necesita un secado más allá del 15 por ciento, mientras que en ebanistería o entarimados el grado de secado será más exigente debiendo alcanzar valores comprendidos al menos entre el 8 al 12 por ciento. Estas condiciones permitirán una manipulación más precisa.

Las propiedades de la madera son tan distintas como lo son los árboles. Cuanto más claramente se puedan distinguir las ventajas y desventajas de cada una de las especies, más fácil será elegir el material adecuado para cada tarea.

Además de la belleza del dibujo superficial y del brillo natural, se debe distinguir entre tablas y tablones, según el espesor del material. La resistencia depende de la densidad y, por ello, de la humedad. El abeto, por ejemplo, con el 12 por ciento, tienen una densidad del 0,46; el roble, para idéntico grado de humedad, presenta una densidad mucho más elevada, del 0,68 por ciento. Como regla general se puede decir que cuanto más densa es una madera, mayor es su resistencia.

En la práctica se distingue entre maderas duras y blandas. Entre las blandas están muchas variedades de pino, el cedro, el tejo, el ciprés, el abeto blanco y el rojo. Entre las duras, el aliso, el fresno, el castaño, el haya roja y blanca, el roble, el arce, el olmo.

Cuando el secado de la madera no se ha realizado de manera correcta, la materia prima puede presentar tensiones que, con el tiempo, llegan a estropearla, produciendo contracciones de las partes previamente medidas, así como el agrietamiento o grano irregular. Una inspección previa a la compra de la madera posibilita detectar curvamientos o alabeos, evitando fenómenos indeseables en el proceso de fabricación del material o en su vida ya montado.