![]()
CUBIERTAS DE ZINC
..........................................................................
El zinc es un material de estructura cristalina, brillo intenso, color blanco azulado o grisáceo, bastante blando, y muy resistente a la corrosión. Estas características le conceden un gran valor como material expuesto a la intemperie, por lo que constituye un elemento habitual en la construcción.
Entre los usos más habituales del zinc cabe señalar su aplicación para la formación de canalones, bajantes o vierteaguas, y en la protección de otros metales, como el acero, mediante el proceso denominado galvanización.
Pero su buen comportamiento frente a los agentes atmosféricos, ha propiciado la presencia del zinc como material de cubrición de numerosos edificios. Es más duro y menos dúctil que el plomo, y es fácilmente laminable, condiciones todas ellas que favorecen su aplicación en el remate de los edificios, adaptándose además a cualquier forma que adopte el elemento a cubrir.
Cuando el aire es seco el zinc no se altera, pero si el aire es húmedo, se oxida fácilmente, formándose en su superficie una capa de hidrocarbonato de zinc que protege a la masa interior de la oxidación.
Frente a estas ventajas, presenta también algunos inconvenientes, consistentes básicamente en ser un material con un coeficiente de dilatación relativamente alto, por lo que cuando la temperatura exterior aumenta de forma considerable, el material puede dilatar bastante, lo que exige una colocación cuidadosa, evitando fijaciones, y posibilitando el ligero movimiento de las piezas.
Para ello, en la colocación de las planchas se utilizaban las llamadas “grapas embordadas”, constituidas por unas tiras o recortes de planchas de zinc, que unen dos elementos sucesivos mediante engatillados, o dobles enganches a las pestañas de las piezas, manteniendo la estanquidad de la cubierta.
Además es atacado por dos materiales frecuentes en la edificación, como son el yeso y el cemento, de los que debe estar separado, al menos mediante una película aislante.
En España la construcción de cubiertas de zinc no ha tenido nunca la difusión de la que ha gozado en otros países europeos, especialmente en Francia, Bélgica, Holanda y Alemania. Su época de esplendor se sitúa en los años finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, caracterizando la arquitectura burguesa, y constituyendo la cubierta de un gran número de edificios públicos: escuelas, hospitales, casas de correos o ayuntamientos, bajo el decidido impulso que imprimió la Real Compañía Asturiana de Minas, introductora del material y de las técnicas para su elaboración, manipulación y colocación en obra.
En los últimos años asistimos a una fuerte reactivación del uso del zinc en la cubierta de numerosos edificios singulares: auditorios, palacios de congresos, bibliotecas o grandes centros administrativos o terciarios, recuperando así el uso de un material noble, durable, y muy ecológico al ser íntegramente reciclable.