Ahora, una eficaz campaña divulgativa

 

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a costado años concienciar a los ayuntamientos de la importancia de establecer la obligación de mantener los inmuebles en perfecto estado. Ha hecho falta constatar los efectos del envejecimiento de las fincas en nuestras ciudades. Hemos tenido que presenciar lamentables accidentes. Han tenido que apreciarse los efectos económicos que, para una colectividad y, más concretamente, para un vecindario, conlleva el abandono de las fincas. Sin embargo, finalmente, la necesidad se ha impuesto por su propio peso.

Hoy ya son muchos los municipios que han asumido que no pueden dar la espalda a un problema que afecta a la seguridad y al bienestar de sus ciudadanos y, siguiendo el ejemplo de Madrid y Barcelona, ultiman medidas similares o intentan avanzar en iniciativas que tengan como finalidad la implantación de la Inspección Técnica de Edificios, que la capital de España acaba de materializar en el redondo año 2000.

No cabe duda que todo cuando redunde en una mayor atención al estado de nuestro patrimonio inmobiliario contará con la acogida favorable de los ámbitos profesionales y técnicos, y, muy previsiblemente, con el de los medios de comunicación, encargados, al fin y al cabo, de transmitir a la ciudadanía las ventajas que, para todos, supondrá imbuirnos de esa nueva cultura del mantenimiento y la reparación.

Pero también es cierto que, si la inveterada lentitud administrativa en poner en marcha los mecanismos precisos para la aplicación de las revisiones técnicas, o las dificultades de concreción de modelos de inspección, acaban por resolverse con no pocos esfuerzos y la permanente colaboración entre municipio y organizaciones técnicas, se hace preciso lograr un objetivo igualmente importante: conseguir que las normas –que el ciudadano puede percibir como imposiciones innecesarias- se conviertan, a través del conocimiento y del convencimiento, en medidas imprescindibles y aceptadas socialmente.

Esta es para todos y cada uno de los ayuntamientos preocupados por su patrimonio inmobiliario una tarea fundamental. Es preciso difundir esta nueva cultura: la de la conservación y el mantenimiento, porque, sólo la colaboración activa de los propietarios podrá asegurar el éxito de las inspecciones.

La Dirección General de Trafico, la Agencia Tributaria, la Junta Electoral Central… son algunos buenos ejemplos de entidades que, a través de campañas publicitarias y de mentalización han sabido transmitir a los ciudadanos que las normas o medidas adoptadas son necesarias para todos.

Si el Ayuntamiento de Madrid es un ejemplo para el resto de las corporaciones por su decisión en la aprobación de la Inspección Técnica de Edificios, el de Barcelona lo ha sido en lo que se refiere a la concienciación ciudadana, especialmente sensibilizada ante las consecuencias luctuosas que provocaron algunos desprendimientos de elementos exteriores. Así al menos parece que se pone de manifiesto en los datos ofrecidos por el municipio sobre los incrementos experimentados en la rehabilitación de sus fachadas, incrementos que se han debido, según parece, a una pura y simple demanda vecinal, ayudada, sin duda, por una eficaz política de subvenciones.

Conseguida el convicción ciudadana, el resto del éxito de la Inspección Técnica de Edificios está casi totalmente en manos de los expertos. Y, aunque es verdad, que nuestra profesión está más que suficientemente preparada -tanto académica como técnicamente- para afrontar con éxito la labor que la sociedad va a requerir de ella, resulta alentador comprobar el interés por la formación específica en los aspectos de la Inspección Técnica de Edificios que han mostrado los centenares de compañeros que han acudido a los cursos organizados por las instituciones colegiales para profundizar en los mecanismos de las revisiones.

En cualquier caso, los primeros pasos para una generalizada puesta en marcha de las Inspecciones Técnicas de Edificios están dados. La experiencia de Madrid o Cádiz o Valencia, podrá servir a otras muchas ciudades que, de forma inminente o en un futuro próximo, apuesten también por la adopción de medidas preventivas ante el deterioro de su parque inmobiliario. Las profesiones técnicas -y en concreto las organizaciones colegiales de aparejadores y arquitectos técnicos- trabajan ya en este sentido en numerosos municipios. La labor preventiva está en buenas manos.