Una gestión racional
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na industria, la de la construcción, que consume grandes volúmenes de materias primas y produce por habitante y año una cifra de entre 450 y 1.000 kilos de escombros, es, sin duda, una de las más adecuadas para liderar el uso racional de residuos y subproductos industriales, así como para potenciar su reciclaje.

Aunque es bien conocido que la gran mayoría de los desechos procedentes de la construcción, tanto de obra de nueva planta como de reforma en viviendas y urbanizaciones, no es contaminante y que solamente una pequeñísima proporción contiene amianto, fibras minerales o determinados disolventes que podrían suponer un riesgo para el medio ambiente, también es bien palpable que la presencia de estos escombros en vertederos produce un muy negativo impacto visual y constituye un importante despilfarro de materias primas. Materias primas que la construcción consume, precisamente, en grandes cantidades.

Por todo ello, y teniendo en cuenta, además, que el sector mantiene su crecimiento y que la rehabilitación y el mantenimiento de los edificios se muestran como fenómenos imparables, la puesta en marcha del recientemente aprobado Plan Nacional de Residuos de Construcción y Demolición para el periodo 2001‑2006 ha venido a significar su banderín de salida hacia una meta -la de la construcción sostenible- que engloba numerosos aspectos y de la que se viene hablando desde hace no ya muchos años sino, incluso, varias décadas.

Los objetivos fijados por el Plan de que España consiga en el plazo de cinco años la recogida controlada de, al menos, el 90% de los residuos de construcción y demolición y alcance el reciclaje y reutilización del 60% de los mismos, no son, en absoluto, metas inalcanzables. Menos aún si se cuenta ya con numerosas empresas constructoras y de fabricantes que han venido demostrando desde hace tiempo su preocupación medioambiental -todo un compromiso-, que se ha plasmado con la implantación de sistemas integrados de gestión en este ámbito.

A1 hilo de ese compromiso, la Administración, por su parte, ha demostrado también el suyo hacia la gestión racional de los materiales de construcción y su reciclaje. Y no solamente a través de la aprobación de un ambicioso Plan Nacional que responde a la necesidad de planificar específicamente los residuos de construcción y demolición y dar cumplimiento a las legislaciones europea y española al respecto, sino también mediante la puesta en escena de interesantes iniciativas concretas. Una de ellas, el estudio elaborado por el Ministerio del Medio Ambiente, especificará qué materiales procedentes de los residuos de construcción y demolición podrían ser susceptibles de ser reutilizados en ingeniería civil y obras públicas, en sustitución de materiales vírgenes.

Además, la elaboración de un catálogo de residuos utilizables en la construcción será una guía práctica que pondrá en conocimiento de las partes interesadas los distintos materiales potencialmente recuperables, mediante información acerca de su volumen de producción, propiedades del residuo, posibles alternativas para su uso en diferentes campos, obras realizadas, normativa técnica de aplicación y entidades que pueden facilitar información, recogiendo también experiencias concretas sobre cada uno de los residuos relacionados.

Es indudable que el papel de los aparejadores y arquitectos técnicos, expertos en materiales, en sus características y propiedades, se extiende inevitablemente al campo de su clasificación y ulterior reutilización.

Todas las iniciativas, públicas y privadas, confluirán con la imprescindible aportación técnica en este ámbito, haciendo posible la gestión racional de unos materiales, los de construcción y demolición, que podrán perdurar tras el fin de la vida útil de los edificios de los que un día formaron parte.n

Los objetivos del Plan Nacional de Residuos de Construcción y Demolición no son, en absoluto, metas inalcanzables

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