![]()
FACHADAS ILUMINADAS
.............................................................................
Cada vez con mayor frecuencia, los edificios singulares y las sedes corporativas de empresas ubicadas en nuestras ciudades y núcleos urbanos refuerzan su imagen mediante la iluminación de sus elementos más destacados, desde una óptica formal o arquitectónica.
La consecuencia inmediata es la necesidad de definir sistemas de iluminación efectivos en función de las características, de la situación del edificio en el entorno, de la accesibilidad y de los puntos y ángulos de visión del inmueble, de forma que la percepción que se tenga del mismo se corresponda con los aspectos formales o conceptuales de su estilo arquitectónico, o con la imagen que desee transmitir la propiedad del inmueble.
La iluminación de las fachadas de los edificios requiere siempre la realización de un estudio completo del mismo, especialmente en lo relativo a los materiales con los que está construido, sus elementos singulares, como balaustradas, balcones, recercados de puertas y ventanas, cresterías, cubierta y cuerpos emergentes o retranqueados, así como de la posible ubicación de los proyectores de luz que vayan a utilizarse.
Una vez conocido el edificio y las posibilidades de iluminación ha de optarse por los sistemas más eficaces. Generalmente, se suele optar por un doble sistema, consistente en un alumbrado ambiental, que afecta de forma común a todo el edificio como una iluminación plana de fondo, y un alumbrado puntual, dirigido a aquellos elementos singulares o sobre los que se desea atraer de forma específica una mayor atención.
La iluminación general se realiza mediante proyectores de amplio haz, utilizando fuentes de alto rendimiento y bajo consumo, en tanto que la iluminación puntual o focalizada en elementos específicos puede jugar con una diferencia en la intensidad, en la tonalidad o, incluso, con la utilización de una coloración diferenciada.
Actualmente se tienden a utilizar básicamente dos tipos de lámparas: la de vapor de mercurio y la de vapor de sodio de alta presión, que satisfacen los requisitos de calidad, eficacia, rendimiento y máximo aprovechamiento de la instalación.
Las lámparas de vapor de mercurio con halogenuros metálicos proporcionan una luz de color blanco, neutra o ligeramente cálida, y tienen un rendimiento ocho veces superior a las lámparas incandescentes convencionales. Resultan idóneas para iluminar materiales de colores claros, como la mayoría de las piedras utilizadas en la construcción, así como los acabados en revocos de colores suaves.
Las lámparas de vapor de sodio proporcionan una iluminación muy cálida, ligeramente amarillenta, con menor resolución cromática, pero con rendimiento lumínico muy elevado, lo que la hace idónea para la iluminación de bóvedas o elementos de hormigón visto.
Cuando la fachada es de ladrillo conviene utilizar una variedad de las lámparas de vapor de mercurio, que incorporan un tubo de descarga cerámico, lo que proporciona una reproducción cromática excelente. Esta característica las hace idóneas en aquellos edificios que contengan pinturas murales, cerámicas vidriadas, o elementos de forja artística.
De esta forma, la combinación de diferentes fuentes de luz sobre un mismo edificio proporciona una visión relajada del conjunto, destacando de forma casi imperceptible aquellas señas de identidad arquitectónica o corporativas que lo dotan de singularidad.