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ITE APLACADOS DE PIEDRA
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La piedra natural o los prefabricados de piedra artificial se utilizan en muchos de los edificios para revestir las fachadas exteriores, dotándolas así de un acabado de gran dureza y calidad. Este aplacado exterior potencia la imagen visible del edificio y le proporciona una serie de cualidades que se relacionan con la sobriedad, elegancia o durabilidad.
Los revestimientos de piedra en los edificios han sido utilizado desde el origen de las construcciones. Ya hay referencias a este recubrimiento exterior de piedra en los templos griegos, o en muchas construcciones del Renacimiento, especialmente en aquellos lugares en los que el ladrillo escaseaba, o los materiales en las construcciones eran poco resistentes y se chapaban con piedras de mayor dureza.
Sin embargo, estas soluciones técnicas no están exentas de problemas. Los más habituales son debidos a la falta de adherencia, que propicia su caída, o a la utilización de sistemas de colocación inadecuados. Esto último provoca la fisuración o la rotura parcial de algunas piezas, especialmente en zonas muy lluviosas, de climas fríos o con variaciones de temperatura extremas en una misma jornada.
Tres son los aspectos fundamentales que han de tenerse en cuenta al decidir el recubrimiento exterior del edificio con aplacados de piedra, para evitar que aparezcan estas lesiones. En primer lugar, la elección del material, que debe ser una piedra dura, resistente al desgaste que produce la acción combinada del agua, el viento y los elementos contaminantes del medio ambiente al que esté expuesta. Es preferible que tenga un acabado pulido, para dificultar así la acumulación en su superficie de costras de suciedad, que sirven además de soporte a la acción de líquenes y microorganismos que acaban fisurando o destruyendo la piedra.
El segundo aspecto a considerar es la unión o sujeción de las placas de la fachada, que puede realizarse mediante morteros, resinas o anclajes a base de tacos o de piezas metálicas para su unión a las fábricas o muros.
Particularmente importante es el caso de las piezas situadas en los frentes de los forjados y en los salientes de balcones y terrazas. En ellos, el peligro de desprendimiento se ve agravado por la oxidación de las armaduras o de los zunchos perimetrales de los forjados o por el incorrecto diseño de las impermeabilizaciones o el aislamiento de estos cuerpos volados.
Finalmente debe considerarse que los materiales se dilatan y encogen debido a la acción del calor o el frío, por lo que nunca resulta aconsejable disponer las piezas excesivamente próximas, debiendo siempre dejar una separación entre ellas para que puedan absorber las pequeñas variaciones de sus dimensiones.
Si los paños alicatados o solados exteriormente superan verticalmente los 9 metros se recomienda disponer de una junta intermedia, preferentemente coincidiendo con la línea inferior de los forjados de plantas o cubierta. Las juntas verticales se harán coincidir con los huecos, y en ningún caso se situarán a una distancia entre sí superior a 6 metros.
Acertar en la elección del material del aplacado, sujetarlo convenientemente y realizar periódicamente las operaciones de mantenimiento y conservación requeridas garantizará su durabilidad y la seguridad para los usuarios del edificio y los viandantes.