ITE LADRILLOS

.................................................................

El ladrillo es, con la madera y la piedra, uno de los materiales más frecuentes en la edificación, especialmente en aquellas zonas geográficas cuyas tierras son ricas en arcillas, como son la mayoría de la península ibérica.

Tradicionalmente se obtenía este material a partir de la cocción de estas tierras, amasadas con agua, secadas al sol y calentadas en hornos artesanales. La industria ha homogeneizado los procesos para obtener ladrillos estandarizados en cuanto a medidas, cocción y coloración uniforme, que facilitan su colocación y puesta en obra. Además, esta regularidad en el proceso de fabricación debería garantizar resistencias constantes y comportamientos similares ante los agentes externos.

Sin embargo, en algunas ocasiones aparecen en la obra ejecutada algunos defectos o fallos en las fábricas de ladrillo. Si los ladrillos no están adecuadamente cocidos, pueden presentarse defectos superficiales, siendo más vulnerables ante el agua de lluvia. Si, además, poseen gránulos de cal en su masa, que no se ha hidratado lo suficiente, estos pequeños puntos blancos, llamados "caliches", pueden hincharse con el transcurso del tiempo, y saltar o desprenderse de la superficie, dejando pequeños orificios en forma de cráter, que afean la superficie de las paredes y muros.

En algunas ocasiones, la superficie de las fachadas de ladrillo aparece manchada, con un velo blanquecino, que afecta a zonas muy amplias. Esta situación es particularmente frecuente en muchas obras, cuando finaliza su ejecución. Generalmente se trata de eflorescencias, esto es, la concentración de sales en el exterior de las paredes, que han sido arrastradas desde el terreno o desde el mortero de cemento de las juntas a través del interior de las paredes de ladrillo.

Estas manchas no representan, habitualmente, problemas serios que comprometan la estabilidad o durabilidad de los edificios, y desaparecen con un cepillado y humedecido suave de la zona. Ocasionalmente pueden volver a parecer, en zonas ya más reducidas, debiendo repetirse la operación de limpieza. Muchas veces, la lluvia realiza esta operación directamente, y tras dos o tres períodos lluviosos desaparecen las manchas.

Otro posible defecto de los ladrillos es la exfoliación o arenización de sus superficie. Especialmente en presencia de la humedad, cuando la masa del ladrillo no se ha cocido adecuadamente, o la boquilla por la que sale la masa de arcilla durante su fabricación tiene algún defecto, el ladrillo puede perder parte de su masa exterior, en forma de escamas, o convertirse en un material pulverulento.

En estos casos, lo que sucede es que parte de su superficie puede desprenderse pasando simplemente la mano. Entonces debe procederse a un estudio del ladrillo por un aparejador o arquitecto técnico que propondrá la solución, debiendo huir de la aplicación de barnices, pinturas o resinas convencionales, que se anuncian como solución universal para todo tipo de ladrillos y lesiones. Lo cierto es que pueden dañar aún más el ladrillo y facilitar su desprendimiento, con las consecuencias y responsabilidades que de ello se derivarían.

Mantener en buen estado las fábricas de ladrillo es una operación con un coste mínimo, pero que evita las costosas reparaciones que comportan las lesiones derivadas de su abandono.