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ITE REVOCOS
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Como hemos comentado en anteriores espacios, uno de los apartados básicos de toda Inspección Técnica de Edificios lo constituye la revisión del estado de la envolvente del edificio, fundamentalmente cuanto se refiere a su cubierta y fachadas.
Una de las formas más frecuentes de terminación de estas fachadas es revestirlas exteriormente con un revoco a base de mortero de cal, que proporciona a las ciudades esa imagen colorista derivada de la diversa gama de matices y de texturas con la que pueden aplicarse estos acabados.
Para poder mantener en buen estado los revocos, y detectar los posibles problemas que puedan tener, es preciso conocer alguna de sus características. En primer lugar debemos diferenciar los revocos de cal respecto a las recientes terminaciones a base de enfoscados o monocapas de mortero de cemento. Los primeros son los que se han colocado en los edificios hasta los inicios del segundo tercio del siglo XX, en tanto que los revestimientos a base de cemento se han venido aplicando a partir de la década de los años 50 y 60.
El revoco de cal es inicialmente más frágil, presentando una menor dureza inicial que los de cemento, pero con el transcurso del tiempo va endureciendo hasta adquirir la consistencia de la piedra caliza. Su principal ventaja es que siendo impermeable al agua de lluvia, impidiendo que penetre en el interior del muro, posibilita también la transpiración del edificio. Porque los inmuebles necesitan extraer hacia el exterior la humedad que se genera en su interior, así como la que se generan en el edificio por la calefacción, el uso de aparatos domésticos, la cocción de los alimentos y la propia transpiración de las personas.
Los revocos pueden adoptar diferentes soluciones en sus acabados, pudiendo ser éste liso, brillante o mate, o con una textura granulada o ligeramente picoteada, intentando aparentar, generalmente, las dimensiones y la forma de las grandes obras de sillería en piedra que caracterizan a nuestra arquitectura monumental clásica.
Siendo una capa de reducido espesor, los revocos manifiestan en su superficie muchas de las lesiones del edificio en forma de fisuras y grietas. De esta forma, la simple observación de las fachadas revocadas nos permitirá en muchos casos conocer los posibles fallos de la cimentación o de la estructura. Cuando aparecen fisuras inclinadas, en un ángulo próximo a los 45°, y que generalmente se sitúan en las esquinas de los huecos de ventanas y puertas, sugieren que la cimentación ha girado o ha cedido, descendiendo el plano de apoyo, por lo que habrá que actuar reforzando el cimiento.
Si las fisuras son verticales y se encuentran la parte central de la altura del edificio, suelen corresponder a problemas de pudrición en los extremos del forjado o al aplastamiento de los materiales por su envejecimiento. Si estas lesiones aparecen en la parte superior de las fachadas, acostumbran a ser la consecuencia de fallos en la estructura de soporte de la cubierta.
Las fisuras horizontales en la parte inferior del edificio suelen tener su origen en asientos importantes de la cimentación, y, en general, cualquier grieta que aparece en la fachada tiene una correspondencia con fallos en otras partes del edificio. Resulta muy aconsejable el dictamen de un aparejador o arquitecto técnico, para analizar la lesión, deducir las causas que la producen, dictaminar sobre su importancia y posible evolución, y recomendar finalmente las posibles soluciones que permitan recuperar la seguridad estructural y constructiva del edificio.