REDES DE SANEAMIENTO

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La instalación de saneamiento de un edificio consiste en la conducción por gravedad del agua contenida en los aparatos sanitarios y de la lluvia de las cubiertas a conductos generales verticales, denominados «bajantes», mediante otros de menos diámetro llamados desagües.

Las bajantes pueden utilizarse para canalizar agua de lluvia o aguas usadas, siendo en este caso el sistema separativo. También pueden ser pueden ser bajantes mixtas, que desagüen a los colectores ambas aguas mezcladas, denominándose en este caso sistema unitario. Además, debido a que las aguas en su descenso van precedidas por una sobrepresión en las bajantes y seguidas de una depresión tras su paso, se dispone en la instalación de una serie de comunicaciones con el exterior que permitan el paso del aire, que pueden realizarse de tres formas distintas.

La primera es realizar una ventilación primaria, de forma, que toda bajante y desagüe de inodoro se prolongue hasta la azotea, facilitando así el descenso del líquido y evitando posibles succiones. Cuando esta ventilación se realiza por una tubería paralela a la bajante, comunicándose con ésta al menos por su parte inferior y por su parte superior formando circuito, se denomina ventilación secundaria.

La ventilación terciaria es la más completa de todas. Requiere la existencia de una tubería de ventilación secundaria, pero, además, en cada, planta del edificio existe una tubería que une cada desagüe con la tubería de ventilación secundaria, liberando la red completamente de posibles sobrepresiones y depresiones.

En el pie de las bajantes, en la zona inferior del edificio, las aguas desembocan en las arquetas, elemento que sirve de transición entre bajantes y colectores. Estos colectores terminan en la red de saneamiento pública y en función de su distancia pueden contar con arquetas de paso, las cuales pueden ser registrables, de forma que si se produce un atasco o un problema en la instalación pueda solucionarse con mayor facilidad. Cuando la instalación de saneamiento a pie de bajante sea colgada en vez de enterrada, la registrabilidad está garantizada.

La industria de la construcción está introduciendo continuamente nuevos materiales tendentes al abaratamiento y seguridad de las instalaciones de saneamiento. Por ejemplo, la técnica artesanal del plomo, que daba nombre a un oficio y a un gremio, plomería y plomeros, ha cedido ante el empuje de la utilización del P.V.C. en los desagües de los edificios.

No obstante, cada uno de los materiales y sistemas tiene sus ventajas e inconvenientes, correspondiendo al proyectista la decisión del material a utilizar, decisión, que en la práctica, depende fundamentalmente de los productos disponibles y la tecnología que las empresas instaladoras puedan poner al servicio del buen resultado final con garantías.

El material más tradicional utilizado en este tipo de instalaciones es el plomo, pero prácticamente no se utiliza en este momento. Las tuberías de gres, a pesar de ser impermeables, inatacables e inalterables, han entrado en desuso por su fragilidad y el gran número de juntas necesarias, dada la corta longitud de los tubos.

Existe una multitud de productos derivados del plástico entre los que está incluido el P.V.C., considerado como ligero, barato y, actualmente, con multitud de accesorios y piezas especiales que facilita un rápido montaje y da lugar a excelentes y seguras instalaciones de saneamiento.

Con las tuberías de acero fundido también se consiguen excelentes instalaciones, por lo que constituye desde hace un siglo el material más usado en los países anglosajones. En España su utilización es muy reducida por su alto precio en relación con otras técnicas y por su escasa tradición artesanal. A su vez, existe una gran variedad de tubos y accesorios para injertos, fabricados con cemento Pórtland con adición de amianto durante el proceso de fabricación.

Independientemente del material a utilizar, el secreto para contar con una instalación de saneamiento óptima se basa en un buen proyecto, una ejecución adecuada y, sobre todo, un mantenimiento que evite el deterioro de la instalación.