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| Revista
del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Valencia Nº. 74 - Junio 2004 |
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Siniestralidad por caídas de grúas torre
Este artículo, publicado en el n.º 148 de la revista RCT, analiza los principales factores que inciden en los accidentes por caídas de grúas torre y hace hincapié en la importancia de la formación de los operadores para evitar dichos accidentes. El artículo se complementa con el análisis y las recomendaciones de Federico Ausina, arquitecto técnico valenciano que ejerce la Coordinación de Seguridad en una empresa promotora.
Nada más comenzar 2004 volvió a repetirse la tendencia, esta vez en L'Ametlla del Vallés (Barcelona). El 12 de enero un trabajador de 19 años falleció aplastado por una grúa mientras trabajaba en una obra de la empresa Guinalva. Las causas del desplome de la grúa, que cayó desde unos 14 metros de altura, son todavía desconocidas, aunque está abierta la correspondiente investigación por parte de los Mossos d'Esquadra y el Ayuntamiento de la población para esclarecer los hechos.
Y por si fuera poco, ocho días más tarde una grúa se desplomaba en unas obras del barrio de la Maurina, Terrassa (Barcelona). En este caso, la grúa, que trabajaba en la costrucción de un edificio, cayó sobre una casa unifamiliar de dos plantas. El techo de la vivienda, situada en la planta superior, se derrumbó causando graves daños en el edificio e hiriendo levemente a la propietaria del mismo, que sufrió cortes leves en la cara y la cabeza.
¿Por qué razón se continúan repitiendo estos accidentes?. ¿No existe acaso forma de frenar esta siniestralidad?.
Causas de la caída de grúas
En palabras de
Miguel Cerezo, tutor del curso de gruísta del Institut Gaudí de la Construcció
y gerente de la empresa Grues Cerezo, "el 70% de las causas corresponde a
un fallo humano, el 25% a un fallo técnico y el 5% a otros motivos". Por
lo que respecta a los fallos humanos de esta casuística, "el 80% también
es fallo correspondiente al operador de la grúa torre, el 15% al técnico de
montaje y el otro 5% a otros motivos".
Si nos centramos en el mayor de los porcentajes, es decir, en las irregularidades que cometen los operarios a la hora de utilizar la grúa torre, Cerezo destaca la maniobra de contragiro como una de las más usuales. "Esta maniobra se realiza cuando el freno no está bien regulado por defecto y, al no parar la pluma por sí sola, el operador aplica una marcha al revés de la inercia que lleva la pluma de la grúa con el consiguiente peligro de que se queme el motor de giro al trabajar en cortocircuito (en el mejor de los casos) o de que se rompa el reductor o corona de giro". Según Cerezo, su experiencia le demuestra que esta operación se repite con cierta frecuencia debido ala falta de mantenimiento del sistema de giro, al trabajo con exceso de viento, a los intentos por forzar el mecanismo o a la falta de formación del operador.
Y sigue: "otra maniobra frecuentada por los operadores es apoyar el gancho en el suelo. De esta forma, el cable de elevación se destensa y se sale de las gargantas de las poleas por las que debe pasar, con el consiguiente exceso de rozamiento sobre superficies cortantes propias de la estructura de la grúa. El cable no está diseñado para soportar dicho exceso de rozamiento, con el derivado peligro de rotura".
Según su experiencia, otra maniobra que habitualmente se repite entre los operarios es rozar el cable de elevación por los forjados de hormigón de la obra, lo que lo va desgastando hasta llegar a su rotura y la posterior caída de la carga dentro del posible radio de acción de la grúa.
No hay que olvidar tampoco la incorrecta utilización de las velocidades de los mecanismos, sobre todo de elevación: frenar de golpe la carga con la tercera velocidad de bajada; realizar cambios bruscos en las velocidades de giro, generando balances en la carga difíciles de parar; maniobras ejecutadas a toda prisa; etc.
Finalmente, otros de los errores que Cerezo señala como frecuentes e importantes son elevar sobrepesos, desencofrar demasiado pegados a los muros de la obra (sometemos ala grúa a un esfuerzo muy difícil de calcular), desenganchar piezas cogidas al suelo, etc.
Problemática del montaje
El gerente de Grues
Cerezo explica que antiguamente, cuando las grúas se montaban por sus propios
medios (como se denominaba) mediante grupos hidráulicos con sistema de
telescopaje de la propia grúa (al carecer de autogrúa), era más probable
tener un incidente durante el montaje. Hoy día se realizan todos los montajes
con autogrúa y el grado de seguridad es mucho más alto. Además, los sistemas
de telescopaje actuales han evolucionado mucho con las nuevas máquinas.
"El problema lo tenemos con las grúas antiguas y también con las grúas autodesplegables, ya que éstas últimas sólo se pueden montar con el sistema propio de despliegue diseñado por el fabricante".
Cerezo añade que existe, además, una problemática con los montadores similar a la de los operadores de grúa torre. "En las grúas viejas se necesita personal muy especializado para la realización de un montaje correcto y con todas las garantías de seguridad requeridas. Esto se debe a que cada modelo de cada marca tiene su intríngulis en el montaje y es muy fácil equivocarse durante el procedimiento, a no ser que el montador sea experimentado". Lo peligroso es que, en su opinión, "cada día hay menos" montadores experimentados.
En cambio, explica Cerezo, en las grúas torre modernas (con menos de ocho años de antigüedad) el grado de estandarización y el sistema modular de grúas es tan alto que proporciona la denominada seguridad pasiva del trabajador.
La cuestión del viento
El viento es para Héctor
Armesto, jefe del departamento de prevención y riesgos laborales del Institut
Gaudí, una de las causas básicas por las que puede caer una grúa torre.
"Las grúas torre están
pensadas y diseñadas para trabajar con unas determinadas velocidades de viento máximas. Y precisamente, una de las obligaciones de este nuevo decreto es la instalación de un anemómetro en cada grúa torre, lo que, sin duda, ayudará a que el trabajador que manipula la máquina conozca en todo momento cuál es el nivel de riesgo" y deje de trabajar si se superan ciertos límites.
Armesto explica que, "en casos de vientos muy fuertes, por encima de los 100 kmlh, el problema es que la propia grúa torre no está diseñada para resistir, porque es una máquina montada provisionalmente en un sitio". De todas formas, la gerente del Servicio de Prevención Gaudí, Gemma Carol, añade que el tema del viento se estudia desde los proyectos iniciales y la instalación de las grúas se realiza en función de una localización geográfica y unas estadísticas que indican las velocidades que suele alcanzar el viento en la zona. En cualquier caso, asegura que no se ajustan los valores al límite, sino que los ingenieros ya contemplan un margen de seguridad para no pillarse los dedos.
Profesionalización del operador de grúa
El que, sin duda, es
uno de los aspectos más importantes para conseguir reducir la siniestralidad
por desplome de grúa es la profesionalización de los operadores, así como la
toma de conciencia por parte del empresario constructor de la importancia del
tema.
"Si nos remontamos a tiempos pasados, el gruísta ayudaba al montador a realizar el montaje de la grúa y subía con él. Cuando el montador llegaba a la obra ya estaba todo preparado para realizar el montaje en las mejores condiciones posibles. Durante la obra, en los tiempos muertos en los que la grúa no se utilizaba, el empresario mandaba al gruísta a revisar y mantener la grúa, tal y como dice la actual ITC. Repasaba los puntos clave de la máquina e incluso sabía realizar pequeñas reparaciones. Y lo más importante: sólo había un gruísta para toda la duración de la obra". En este sentido, Miguel Cerezo reconoce que hemos dado un paso atrás. Según asegura, actualmente cada empresa que pasa por la obra lleva su operador, dado el elevado grado de subcontratación que existe. Aunque sean buenos, no es aconsejable que cada mes (o incluso semanas) la grúa sea manejada por diferentes operadores de grúa, ya que se pierde personalización, lo que conlleva que no se sepa quién es el responsable de realizar el mantenimiento preventivo de la máquina (obligado por Ley).
Actualmente, el operador rara vez se sube a la grúa. Y la experiencia de Cerezo le demuestra que a menudo es el propio empresario quien se lo prohíbe. Es más, el constructor pide mando a distancia para la grúa: de esta forma, el operador, además de conducir la grúa, puede realizar otras tareas y ser más rentable. "Pero se olvidan de la falta de rendimiento que obtienen de la grúa precisamente porque su operador no se puede dedicar a ella. Hasta que éste no sea profesional de la grúa y se dedique exclusivamente a ella no conseguiremos el nivel de seguridad ni de eficiencia en la obra esperado por todos".
Formación del operador de grúa
Pero la reducción
de esta siniestralidad pasa ante todo por la formación del operador de grúa
torre. Por eso, desde el pasado 17 de octubre la Ley exige la obligatoriedad de
que todas las personas que pretendan trabajar como gruísta obtengan el carnet
oficial que así lo acredite. La obtención de este documento está supeditada a
la superación de un examen de la Administración al que debe preceder una
formación. Según Jaume Canadés, jefe de estudios del Institut Gaudí de la
Construcció (donde se imparten los cursos de gruísta), existen dos modalidades
de esta formación:
1. Si el trabajador tiene experiencia como gruísta (demostrable a través de un certificado expedido por la empresa en que trabaja) deberá realizar y aprobar un curso teórico de 50 horas, más 15 horas prácticas para demostrar que se domina la máquina.
2. Si el trabajador no tiene experiencia de gruísta deberá realizar y aprobar un curso teórico de 50 horas, más 150 horas de prácticas.
Canadés añade que en estos momentos se está preparando una revisión de esta Ley para que se amplíe de uno a tres años el periodo en que se realice la formación (siempre que dentro del primer año se pueda acreditar que ya se trabaja como gruísta).
Según la misma fuente, entre los que ahora se ven obligados a sacarse el carnet, "el perfil más amplio lo constituye sin duda los gruístas que tienen una experiencia demostrable". Incluso, según el jefe de estudios del Institut Gaudí, muchos ya tienen una formación demostrable, "y lo que necesitan ahora es actualizarla", porque esta maquinaria evoluciona e incorpora nuevas tecnologías, servicios y formas de manipulación. Especialmente para éstos, el Institut Gaudí ha pensado "un módulo que tendrá entre 15 y 20 horas" y que les servirá de complemento a su formación previa, ya que introducirá aquellas materias o conocimientos que en su día no
se incluían en el programa de contenidos que estudiaron estos profesionales. Tras este reciclaje, ya estarán preparados para pasar el examen oficial para obtener el carnet.
La nueva normativa
Además de la
obligatoriedad del carnet de gruísta, la nueva normativa establece requisitos más
estrictos para las empresas conservadoras y mejora la calidad de servicio de las
mismas. También aumenta el nivel de inspección por parte de la industria que,
pese al bajo nivel de profesionalización de los inspectores, ayuda sutilmente a
no instalar elementos defectuosos.
El mayor problema de la nueva ITC está en la exigencia de la comprobación de cargas mediante pesos tarados con las cargas máximas nominales y su 10% más. Pero, ¿y si el ¡imitador falla?. En dicho caso estamos elevando una carga prohibida por el fabricante. Si entonces cae la grúa, ¿de quién serán las responsabilidades?, ¿de quien ha dictado la ITC?, ya que ni fabricante, ni usuario, ni conservador (puesto que un ¡imitador de peso puede fallar) son responsables de nada en tal situación.
Pero esto se agrava cuando se trata de grúas que tienen a sus espaldas hasta 30 años de trabajo. Esta fatiga acumulada en el hierro de la estructura de la grúa puede producir que ésta se rompa en cualquier momento (no predecible durante la realización de estas comprobaciones), incluso cuando el fabricante diseña las grúas conforme a la UNE 58.101/92, que establece una reducción del 25% de las tensiones máximas de trabajo en grúas torre que tengan más de 18 años y unas revisiones periódicas bianuales, tal y como dicta la actual ITC. Pero, según critica Cerezo, "la ITC no limita para nada ni la vida de la grúa ni la disminución de sus cargas máximas. El fabricante lo tiene muy claro al respecto: se desentiende de la máquina, puesto que no se han seguido sus recomendaciones de uso ni normas de cálculo. Existen comunidades autónomas, como la de Madrid y Murcia, donde sí aplican la UNE, pero el resto de España no lo hace".
Alberto González
Revista de la Construcción
Tanitpress